Continuació del relat “Un hombre feo”, de Juan José Millás, per Oriol Macià

Continuación de “Un hombre feo”, o “Por qué no seguir al rebaño”

rostro

Su familia consiguió ocultarle que era feo hasta los 11 años. A esa edad escuchó una conversación entre dos niñas que hablaban de él como un ser monstruoso. Una de ellas añadió que la cara era el reflejo del alma. Esa noche se observó detenidamente en el espejo del cuarto de baño y comprendió que las miradas que hasta entonces le habían dirigido los demás no eran de admiración, sino de espanto.

Desde entonces, su comportamiento jamás volvió a ser el mismo. Se empezó a sentir inseguro, tímido, y se mostraba como una persona nerviosa a la que, realmente, en aquel momento de su vida, sólo le preocupaba ser aceptado por el resto, quería ser como ellos, ser uno más. Si se convertía en uno más, podría olvidarse de las miradas de desagrado de la gente o los comentarios con malas intenciones por parte de sus compañeros en el recreo. Podría dejar de ser, por fin, el chiste fácil de su clase.

Sin embargo, convertirse en una oveja más del rebaño no era tarea fácil. Para ello, él debía renunciar a sus principios, a sus aficiones, cambiar completamente su peinado y su estilo de vestir por otro que los chicos y chicas de su edad considerarían decente y que probablemente dejaría de estar de moda dentro de cinco meses. También debería cambiar sus gustos musicales, cambiando sus artistas favoritos por esas canciones vacías y con fecha de caducidad que figuraban en lo alto de las listas de ventas, entre otras cosas. Haciendo todo esto seguiría siendo feo, pero él pensó que, por lo menos, caería bien y sería aceptado.

Pero, justamente en el momento en el que él se puso a leer lo que estaba de moda por Internet, frenó en seco y se preguntó si realmente él quería cambiar, si realmente valía la pena tirar su autenticidad a la basura por lo que unas cuantas personas, que ni siquiera eran relevantes en su vida, pensaran de él. ¿Tan importante era su aspecto físico? Él  estaba segurísimo de que no, y también tenía muy claro que la niña que dijo que la cara es el reflejo del alma estaba muy equivocada, porque  él conocía a mucha gente de cara bonita que tenían un alma oscura y malvada.

Por lo tanto, llegó a la conclusión de que no servía de nada ser guapo si por dentro eres una persona vacía que siente alegría burlándose de los demás, ya que, al fin y al cabo, todos acabaremos arrugados, y lo único que nos quedará serán nuestros conocimientos y los recuerdos de una vida vivida de la manera que hemos deseado, y que algún día, su singularidad  será lo que más le gustará de sí mismo.

Oriol Macià, 2n B batxillerat

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